domingo, 19 de junio de 2011

OTOÑO de CARLOS A. BADARACCO











Un camino sinuoso
poblado de hojas secas
se proyecta hacia el infinito.
Delante de mí,
un sendero hostigado
por  árboles desnudos,
un leve viento que trae
aromas a tierra mojada.
El sol brilla, pero escondido
tras las nubes grises,
en un cielo ceniciento,
con furtivos rayos de luz
que se apagan lentamente.
Se escucha en el bosque
un borboteo de agua apurada
que cae desde una cascada.
El suave arrullo de la caída
provoca un letargo especial.
Todo es gris
y en medio de aquel matiz
un hombre taciturno
camina a la distancia.
Con la mirada serena
pero lejana,  avanza.
Su paso lento,
manifiesta su agonía.
Pálido, doliente,
arrugado, fatídico,
el período es lento
y él camina más lento
como no queriendo irse
como queriendo quedarse.
Sus huesos abatidos
manifiestan su pena
el viento lo empuja
queriendo apartarlo,
él se revela,
pero sus fuerzas declinan
prefiere irse
y vivificarse
y se pierde en la lejanía.
Es el tiempo
que se va disipando;
se irá para volver
con fuerza nuevamente
ardiente, colorido, suspirante
CARLOS A. BADARACCO
4/7/09

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