sábado, 25 de junio de 2011

LA MELODÍA de CALOS A. BADARACCO








En el silencio de la tarde
la música vibraba.
Eran bellas notas armoniosas
que un piano solitario proyectaba
silenciando el suave tintineo
del reloj añejo del campanario.
Las chicharras chillaban sus lamentos
en la espesura del bosque aledaño.
Junto a la suave melodía de esa tarde,
el tiempo en un momento se disipaba
y en el mutismo más absorto se ejecutaba
la apacible cadencia de aquel piano.

Un ruiseñor volaba enloquecido,
hurgando en cada flor del jardín estremecido,
azul metalizado y colorido,
vibraba saltando por los aires.
Sopló el viento en suave brisa,
y el paisaje de repente cobró vida,
 sentí que mi espíritu se invadía
de energía radiante y enardecida.
Sin saber qué nostalgia me colmaba
un quejido de pasión trémulo sucumbía.

CARLOS A. BADARACCO
30/01/09

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